Soy venezolana. Nunca me he sentido apenada de eso, al contrario, amo a mi país como aquel recinto primario que me ha nutrido, me ha hecho en mi ser y en mi sentir. Pero aquí me encuentro con este sube y baja emocional en la tediosa tarea de todos los viernes: buscar víveres. Se ha tornado humillante, se ha tornado resignante, sin embargo la llama de la alegría brota en mi victoriosa, como quien a pesar del día gris asoma una sonrisa. Todo bien hasta que la señora de la cola comenta - ¿a quién en su sano juicio se le ocurre traer hijos al mundo en esta situación?, yo tuve 3 en mi época, pero en este momento no tendría ninguno!- Mi mente y mis pensamientos luchan por mantenerse serenos, hasta que el sentimiento de culpa termina por instalarse: ¿seré yo una de esas "malas madres", egoísta, que no piensa que trae un hijo a "pasar trabajo" a este "país que se fue a la mierda"?
Juicios, juicios y más juicios. La pregunta es ¿cuál de ellos realmente es mio?, ¿qué significa ser una mala madre?, ¿es sano evitar que los hijos pasen algo de trabajo?, ¿estamos incapacitados para criar porque no tenemos acceso a pañales desechables, talcos para bebés, fórmulas infantiles, multivitaminicos o compotas procesadas?. Y finalmente, ¿qué significa que un país se vaya a la mierda con tanta gente hermosa, emprendedora, dedicada, inteligente?, muy a pesar de esta sociedad de cómplices que desde la izquierda y desde la derecha danzan una macabra melodía donde los intereses grupales se siguen imponiendo a la sociedad para todos.

Mi tiempo biológico, mis ritmos naturales, mi naturaleza se impone. Se puede recomponer un país en meses o años. Pero quién me devuelve el tiempo de mi cuerpo, quién recompone las células que ya se fueron, los sueños atemporales, las emociones de aquello que se ama y se desea. Mi mente viaja a cientos, miles e incluso millones de años atrás, y aquí estamos los seres humanos invictos. Es que el tiempo es relativo, así como relativa es la realidad que percibo. La supervivencia de la especie siempre se impone, así como siempre se impondrá la voluntad de un pueblo hijo de libertadores.
Me retiro del recinto. Mayonesa, salsa de tomate, harina de maíz y mantequilla fue la caza de hoy. Finalmente ¡Que nada me perturbe!
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