Semana 7: Una nueva sensación de compañía

La semana 7 inicia con una breve visita a la playa, a mi hijo le encanta y a mi me relaja. Realmente es una bendición vivir tan cerquita del mar y tratamos de aprovecharlo cada vez que podemos. El niño corre, se sumergue, salta con las olas, brinca en la arena, disfruta un mundo. Yo simplemente me relajo y leo alguna revista, intentando asimilar aún mi nuevo estado y todo lo que esta por venir.

Una vez más tu ausencia es notoria. Nunca te he reprochado el enorme esfuerzo que haces por nuestra familia, que en estos tiempos se podría calificar de inusual; sin embargo, a veces me haces tanta falta, que podría sacrificar un poco de nuestro bienestar material con tal de tener algunos instantes de real compartir familiar.

Ensimismada en mis pensamientos, sumergida en el mar de mis emociones, de repente una vocecita corre hacia mi y me dice - Mamá, vamos a bañarnos - Sin pensarlo mucho lo sigo hacia la orilla, y con su infinita energía sigue en su secuencia de saltos entre olas a lo cual, debo reconocerlo por primera vez, no puedo seguir. Algo pasa que mi cuerpo no responde de la forma habitual, y es cuando entiendo que no estoy sola en este aparato, que algo crece en mi vientre y que mi energía ahora es compartida. Hijo, mamá no puede saltar tanto. hay un hermanito en la barriguita! Y en ese momento me siento tan acompañada, una nueva sensación de compañía se apodera de mi, una compañía que nunca me abandonara. Disfruto de las olas, por primera vez, en compañía de mis dos hijos.

Semana 6: Que nada me perturbe

Soy venezolana. Nunca me he sentido apenada de eso, al contrario, amo a mi país como aquel recinto primario que me ha nutrido, me ha hecho en mi ser y en mi sentir. Pero aquí me encuentro con este sube y baja emocional en la tediosa tarea de todos los viernes: buscar víveres. Se ha tornado humillante, se ha tornado resignante, sin embargo la llama de la alegría brota en mi victoriosa, como quien a pesar del día gris asoma una sonrisa. Todo bien hasta que la señora de la cola comenta - ¿a quién en su sano juicio se le ocurre traer hijos al mundo en esta situación?, yo tuve 3 en mi época, pero en este momento no tendría ninguno!- Mi mente y mis pensamientos luchan por mantenerse serenos, hasta que el sentimiento de culpa termina por instalarse: ¿seré yo una de esas "malas madres", egoísta, que no piensa que trae un hijo a "pasar trabajo" a este "país que se fue a la mierda"?

Juicios, juicios y más juicios. La pregunta es ¿cuál de ellos realmente es mio?, ¿qué significa ser una mala madre?, ¿es sano evitar que los hijos pasen algo de trabajo?, ¿estamos incapacitados para criar porque no tenemos acceso a pañales desechables, talcos para bebés, fórmulas infantiles, multivitaminicos o compotas procesadas?. Y finalmente, ¿qué significa que un país se vaya a la mierda con tanta gente hermosa, emprendedora, dedicada, inteligente?, muy a pesar de esta sociedad de cómplices que desde la izquierda y desde la derecha danzan una macabra melodía donde los intereses grupales se siguen imponiendo a la sociedad para todos.

Mi tiempo biológico, mis ritmos naturales, mi naturaleza se impone. Se puede recomponer un país en meses o años. Pero quién me devuelve el tiempo de mi cuerpo, quién recompone las células que ya se fueron, los sueños atemporales, las emociones de aquello que se ama y se desea. Mi mente viaja a cientos, miles e incluso millones de años atrás, y aquí estamos los seres humanos invictos. Es que el tiempo es relativo, así como relativa es la realidad que percibo. La supervivencia de la especie siempre se impone, así como siempre se impondrá la voluntad de un pueblo hijo de libertadores.


Me retiro del recinto. Mayonesa, salsa de tomate, harina de maíz y mantequilla fue la caza de hoy. Finalmente ¡Que nada me perturbe!

Semana 5: ¿Será o no será?

Mi cuerpo me habla, me dice que hay cambios. Un repentino cansancio fuera de lo común; alguna irritación cotidiana exagerada. Sin embargo, hace tiempo que ya había "soltado" esta decisión al Gran Jefe: Jesús. No quería ser presa de resignaciones innecesarias, tampoco de obsesiones seguidas de tristezas. Simplemente lo solté al Universo. Es su expresa y total decisión hacerse presente en nuestras vidas, o no. Pero, insisto, mi corporalidad era otra...

No se si me contagio el entusiasmo de él. Ya en otras ocasiones vi su rostro desfallecer ante el resultado negativo, y esa expresión se había clavado en mi, quizás con culpa, quizás con tristeza, o quizás como la fuerza necesaria para decidirme finalmente. El caso es que hoy, sentada junto a la doctora que extrae gota a gota mi sangre, miles de preguntas dan vueltas en mi cabeza, pero la más insistente de ellas: ¿será o no será?.

Y justamente fue este cansancio fuera de lo común lo que hizo que él tomara la iniciativa - tranquila, yo voy por el resultado - dijo. Y al cabo de media hora su rostro me confirmo las sospechas - ¡Positivo! - La expresión de emoción y alegría de su rostro nunca la olvidaré, diferente a la que mostró la primera vez (quizás cuando ambos, presas del pánico de primerizos, no sabíamos si reír o gritar).


Finalmente estas allí - pensé - y un inminente pensamiento de amor me inundó por completo. Aquella pequeña mezcla de nuestros seres, de nuestros genes y de nuestras historias crecía dentro de mi. Y luego, la pregunta obligada ¿estará bien?, y en medio de esta cadena de emociones, pensamientos y sensaciones, un comentario inocente y supremamente hermoso inundo el recinto: mami, ¿y cuando vamos a buscar a mi hermanito?.