Semana 5: ¿Será o no será?

Mi cuerpo me habla, me dice que hay cambios. Un repentino cansancio fuera de lo común; alguna irritación cotidiana exagerada. Sin embargo, hace tiempo que ya había "soltado" esta decisión al Gran Jefe: Jesús. No quería ser presa de resignaciones innecesarias, tampoco de obsesiones seguidas de tristezas. Simplemente lo solté al Universo. Es su expresa y total decisión hacerse presente en nuestras vidas, o no. Pero, insisto, mi corporalidad era otra...

No se si me contagio el entusiasmo de él. Ya en otras ocasiones vi su rostro desfallecer ante el resultado negativo, y esa expresión se había clavado en mi, quizás con culpa, quizás con tristeza, o quizás como la fuerza necesaria para decidirme finalmente. El caso es que hoy, sentada junto a la doctora que extrae gota a gota mi sangre, miles de preguntas dan vueltas en mi cabeza, pero la más insistente de ellas: ¿será o no será?.

Y justamente fue este cansancio fuera de lo común lo que hizo que él tomara la iniciativa - tranquila, yo voy por el resultado - dijo. Y al cabo de media hora su rostro me confirmo las sospechas - ¡Positivo! - La expresión de emoción y alegría de su rostro nunca la olvidaré, diferente a la que mostró la primera vez (quizás cuando ambos, presas del pánico de primerizos, no sabíamos si reír o gritar).


Finalmente estas allí - pensé - y un inminente pensamiento de amor me inundó por completo. Aquella pequeña mezcla de nuestros seres, de nuestros genes y de nuestras historias crecía dentro de mi. Y luego, la pregunta obligada ¿estará bien?, y en medio de esta cadena de emociones, pensamientos y sensaciones, un comentario inocente y supremamente hermoso inundo el recinto: mami, ¿y cuando vamos a buscar a mi hermanito?.

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